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martes, 27 de octubre de 2009

Globalización imperial y movimientos sociales en Latinoamérica

Globalización imperial y movimientos sociales en Latinoamérica


Traducido para Rebelión por Andrés Prado


Introducción

El crecimiento sin obstáculos del capitalismo euroestadounidense después de la caída del comunismo soviético y europeo, la conversión de China e Indochina al capitalismo de Estado y el auge de dictaduras militares de libre mercado en Latinoamérica, respaldadas por EE.UU., dan un nuevo ímpetu a la construcción occidental imperial llamada “globalización”.

El proceso de globalización fue el resultado de condiciones ‘externas’ e ‘internas’ y coaliciones de clase incrustadas en la estructura social tanto de los países imperiales como de los países ‘recipientes’ u objetivos. La expansión del capital no fue ni un proceso lineal o de expansión (acumulación) continuada ni uno de colaboración sostenida de los paises objetivos. Las crisis en los centros imperiales y las transformaciones de los regímenes en los países colaboradores afectaron al flujo de capital, al comercio, a las normas y a las regulaciones.

Una de las consecuencias no pretendidas de la ascensión de las clases dominantes globales fue el surgimiento de movimientos sociales a gran escala y tumultuosos, especialmente en Latinoamérica, que retaron a los gobernantes, ideología e instituciones que mantenían el imperio global.

Las relaciones entre globalización imperial y movimientos sociales son complejas, cambiantes y están sujetas a reveses y avances. Este estudio, con atención a Latinoamérica, plantea diversas hipótesis al explorar la relación entre globalización y movimiento social durante un período de treinta y cinco años: desde el comienzo de la doctrina del libre mercado que es la fuerza motora de la globalización (1975) hasta hoy (2010). Este arco temporal nos proveé del tiempo suficiente para observar las operaciones a largo plazo del capital global y las trayectorias históricas de los movimientos sociales. Tomando Latinoamérica en su conjunto como una sola entidad, ampliamos nuestro campo de acción y minimizamos la posibilidad de desarrollos idiosincráticos específicos para un solo país.

Nuestra investigación se guía por un número específico de hipótesis que serán testadas a través de un análisis histórico de las tendencias económicas globales y la trayectoria de los movimientos sociales. Empezaremos haciendo un breve repaso de las dinámicas de la globalización y el crecimiento de los movimientos sociales en Latinoamérica para entonces especificar nuestras hipótesis clave acerca de las relaciones entre globalización y movimientos sociales.

Globalización: Clase, Estado y Economía

El comienzo de una nueva y dinámica fase de expansión de capital imperial, que llamaremos globalización, debe mucho al resultado político favorable de la lucha a escala mundial entre el capital y la clase obrera. La derrota y retirada de la clase obrera en Occidente, particularmente en EE.UU. e Inglaterra, y la autodestrucción de los regímenes comunistas del este pusieron los cimientos para una agresiva cruzada global contra regímenes y movimientos de izquierda en el tercer mundo, especialmente en Latinoamérica. El retroceso de los movimientos obreros fue particularmente vicioso y triunfal en Latinoamérica, donde la mayor parte del continente experimentó la instauración de dictaduras militares que desmantelaron las restricciones nacionales a los flujos de capital y los aranceles.

Dentro de este nuevo marco global de artífices de la construcción imperial y regímenes autoritarios colaboracionistas, hay varios factores que intensificaron la expansión global económica.

(1) La innovación tecnológica, especialmente las tecnologías de la información, aceleró los flujos de capital y mercancías.

(2) La acumulación a gran escala de capital en los Estados imperiales, una bajada relativa en los porcentajes de los beneficios y el creciente rol del capital financiero espolearon las inversiones en ultramar, la especulación y las liquidaciones de empresas privatizadas.

(3) La competición intensificada entre EE.UU., la Unión Europea y Asia, llevó a las MNC (Corporaciones Multinacionales en sus siglas en inglés) a buscar ventajas asegurando bancos y recursos; cuotas de mercado dentro de Latinoamérica.

(4) El surgimiento de dictaduras derechistas pro occidentales proveyó condiciones socioeconómicas excepcionalmente favorables para liquidaciones y adquisiciones de empresas y recursos locales, extraordinarios dividendos en especulación financiera y oposición mínima de reprimidos sindicatos y partidos nacionalistas y de izquierda.

Como consecuencia de estos cambios estructurales, se pusieron en práctica doctrinas de libre mercado y políticas neoliberales con el resultado de acuerdos de libre comercio bilaterales (NAFTA- Tratado de Libre Comercio de América del Norte en sus siglas en inglés-) y desregulación de las economías. El crecimiento de la actividad especulativa enraizó y prosperó al mismo tiempo que las redes de garantía social fueron desmanteladas.

Después de más de dos décadas de desarrollo altamente polarizado y crecimiento mediocre, las economías neoliberales se estancaron y entraron en crisis: los precios de las mercancías (commodities) cayeron, las burbujas financieras estallaron, estafas bancarias a gran escala empobrecieron a los ahorradores de la clase media, inversionistas fueron defraudados... llevando a un colapso económico virtual y a un desempleo masivo. En los primeros años del nuevo milenio, Latinoamérica se enfrentó a una crisis sistémica en la cual los regímenes neoliberales fueron depuestos, los movimientos sociales crecieron y las bancarrotas económicas se multiplicaron. Se elegieron partidos y coaliciones de centro izquierda que tendieron a implantar medidas de mejora que aliviaron el impacto de la crisis. Se aprobaron paquetes de estímulo para reavivar las economías. El auge de los precios agrícolas y minerales en el mercado mundial facilitó la recuperación económica, que duró hasta el comienzo de la recesión económica de 2008.

Movimientos Sociales

Brotando del polarizado crecimiento, de la intensificada explotación del trabajo y del desplazamiento de campesinos y granjeros, todo ello endémico de las políticas de libre mercado, el descontento social se extiende en las zonas rurales, especialmente entre los trabajadores rurales sin tierra, los campesinos y las comunidades indígenas. Emergió una nueva generación de líderes militantes con capacidad para conectar el malestar local con políticas estructurales nacionales e internacionales. Los movimientos de masas se establecieron en los primeros años de la década de los noventa y lanzaron una serie de campañas masivas y movilizaciones que se extendieron a las ciudades e hicieron involucrarse a la creciente masa de trabajadores urbanos desempleados, funcionarios, y empresarios y profesionales de clase media empobrecidos y cada vez menos reciclables.

Las crisis precipitaron revueltas a gran escala, comandadas por los nuevos movimientos sociales, que demandaban cambios sistémicos pero se apaciguaban ante la elección de regímenes de centro izquierda. La primera década del siglo XXI ha sido testigo del ascenso y declive de la actividad de movimientos que eventualmente se asentaban en cambiantes nichos del nuevo orden presidido por los regímenes de centro izquierda.

Hipótesis Clave

La expansión de la ‘globalización’ o el desarrollo del modelo imperialista centralizado fueron acompañados del crecimiento de los movimientos sociales de masas. Esto plantea la cuestión fundamental de la relación entre los dos procesos. Presentamos varias hipótesis para explorar esta relación.

(1) Cuanto mayores sean las desregularizaciones de la economía, mayores serán la aceleración de la globalización y el impulso para el crecimiento de los movimientos sociales.

(2) Las crisis y el colapso de la globalización desregularizada lleva a un mayor protagonismo y una mayor radicalización de los movimientos sociales hasta incluir levantamientos sociales que deponen regímenes en curso.

(3) Cuanto mayores son la regulación y el control del proceso de globalización por parte del régimen, menor es el impacto de las crisis, más moderadas las actividades de los movimientos sociales y menos probable una rebelión popular.

(4) Cuanto más débil sea la red de seguridad social en tiempos de crisis, mayores serán los movimientos sociales y más radicales sus demandas. Por el contrario, cuanto más fuerte sea la red de seguridad social en tiempos de crisis menor será el crecimiento de movimientos sociales y más reformistas sus demandas.

(5) La depreciación mundial de las mercancías (commodities) tiene más posibilidades de crear como subproducto movimientos sociales radicales que los períodos de precios boyantes.

Combinando nuestras cuatro principales variables en una sóla hipótesis sobre la relación de la globalización y los movimientos sociales, llegamos a las dos proposiciones siguientes:

Las condiciones óptimas para los movimientos sociales radicales de masas aparecen cuando una economía sufre una alta desregularización, en tiempos de crisis financieras y recesión productiva, cuando los precios de las mercancías (commodities) están a la baja y en un contexto débil de garantías sociales.

Por el contrario, los movimientos sociales radicales de masas tienen menor posibilidad de surgir bajo una economía altamente regulada, con una fuerte red de seguridad social y en un contexto mundial de precios de mercancías (commodities) al alza y economía boyante.

Poniendo a prueba la hipótesis: Latinoamérica 1980-2010

Entre 1980 y 1990, Latinoamérica experimentó un período de creciemiento moderado y precios estables en el mundo para sus mercancías (commodities). Éste fue un período de desmantelamiento mayor de las regulaciones estatales sobre la economía y de un debilitamiento de las redes de seguridad social. Y aún así no se produjeron levantamientos sociales importantes ni se crearon movimientos sociales de masas, excepto en Chile entre 1985 y 1986, que terminaron con el pacto político, respaldado por EE.UU., entre los pinochetistas y los partidos de la socialdemocracia cristiana y su subsecuente ascenso al gobierno en 1990.

Durante la primera mitad de la década de los noventa los precios de las mercancías (commodities) descendieron hasta mínimos históricos, la red de seguridad social continuaba deteriorándose; los beneficios del capital se multiplicaron en una orgía de privatizaciones y adquisiciones extranjeras mientras el crecimiento general se estancaba. Crecieron los movimientos sociales, la movilización de masas, extendiéndose del campo a las ciudades aunque se dieron pocas rebeliones populares.

En el período entre el final de la década de los noventa y los primeros años del 2000 (aproximadamente 1999-2003) se experimentó una gran crisis socio-económica y política, incluyendo crisis económicas y financieras en Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú y Uruguay. Después de más de veinte años de políticas de libre mercado acompañando al proceso de globalización, la red de seguridad social estaba hecha jirones. Los precios de las mercancías (commodities) se mantenían bajos y la desregularización financiera agudizaba la vulnerabilidad de las economías ante la recesión en EE.UU.

Entre 2000 y 2005 los regímenes neoliberales se depusieron o cambiaron en Argentina (tres regímenes en dos semanas- 2001-2002), Bolivia (2003, 2005), Ecuador (2000, 2005), Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela (el régimen golpista duró cuarenta y ocho horas- 2002). Los movimientos sociales crecieron precipitadamente en toda la región y sus demanadas se radicalizaron, demandas que incluían cambios estructurales fundamentales. El Movimiento de los Campesinos sin Tierra en Brasil (MST) lideró los movimientos de ocupación masiva de tierras en el país. Levantamientos obreros, campesinos e indígenas expulsaron en Bolivia a dos gobiernos elegidos en curso. En Ecuador, coaliciones de movimientos indígenas y urbanos derrocaron un gobierno neoliberal en curso en 2000 y un movimiento ampliamente basado en ciudadanos de las urbes expulsó a un régimen neoliberal corrupto en 2005. En Argentina, una rebelión popular liderada por organizaciones vecinales de trabajadores de clase media, desempleados y empobrecidos, expulsó a presidentes neoliberales y dominó la política de 2001 a 2003. En Venezuela, una movilización popular masiva, con aliados militares, expulsó a la junta empresarial-militar de abril de 2002, respaldada por EE.UU., y restableció en el poder al Presidente Chávez.

El período entre 2003 y 2008 fue testigo de una subida pronunciada de los precios de las mercancías (commodities) hasta niveles récord. El auge de los regímenes de centro izquierda estuvo acompañado de controles sobre el capital, la restauración parcial de la red de seguridad social, una recuperación económica rápida y un crecimiento relativamente alto. Los movimientos sociales dejaron de crecer, sus demandas se centraron en reformas inmediatas, las movilizaciones fueron menos frecuentes y algunos de sus líderes clave fueron designados cargos en la administración.

En el período entre 2008 y 2010 se produjo un pronunciado descenso del crecimiento que reflejaba el impacto de la recesión mundial y la bajada de los precios de las mercancías (commodities). Mientras la mayoría de los países entraba en recesión, el sistema financiero no experimentó un colapso comparable al del período anterior (2000-2002), en parte debido a los controles sobre el capital que tenían lugar desde la primera parte de la década. Mientras crecía el desempleo y los niveles de pobreza se incrementaban, la mejora de la red social minimizó el impacto de la recesión. Los movimientos sociales aumentaron su actividad y experimentaron un crecimiento medio pero con pocos, si es que alguno, retos al poder estatal, al menos durante los primeros dos años de duración de estas crisis en transcurso.

Conclusión

Nuestro repaso histórico demuestra que factores como la implantación de cambios neoliberales y la profundización en la globalización no llevan por sí solos al crecimiento de movimientos sociales masivos y radicales: así lo atestigua el período de 1980 a 1990. Ni tampoco el bajo precio de las mercancías (commodities), una débil red de seguridad social o unos ingresos estatales en declive provocan levantamientos populares y la creación de movimientos sociales radicales de masas. De la misma forma, una crisis económica, como la recesión de 2008 a 2010, no ha llevado a un resurgir de los movimientos sociales de masas radicales o de las rebeliones populares.

Sólo cuando una combinación de factores internos, como una débil red de seguridad social y una economía desregulada, y una crisis externa, como una recesión global, y unos precios de mercancías (commodities) mundiales a la baja, tenemos condiciones posibles para el crecimiento de movimientos sociales de masas radicales y dinámicos.

Los escritores que se centran o empiezan desde una perspectiva de ‘sistema mundial’ o cualquier otra de carácter ‘globalista’ cuando intentan estudiar el auge de los movimientos sociales como una función de las ‘operaciones’ de mercado fracasan a la hora de tener en consideración las luchas políticas y sociales internas y las políticas sociales estatales resultantes como factores determinantes.

Deberíamos resaltar que las rebeliones de los movimeintos sociales no ocurren de repente porque todas las contingencias tengan lugar. Los levantamientos sociales a finales de los años noventa y la primera mitad de los años del nuevo milenio tuvieron una década de gestación: organizándose, acumulando fuerzas sociales, creando alianzas con disidentes de las instituciones -como miembros radicales de la iglesia- y desarrollando líderes y cuadros de mando. Las crisis económicas, como mucho, fueron el evento “disparador” del severo descrédito de la clase dominante, minada la imperante ideología de la ‘globalización’, que permitió a los movimientos dar un salto cualitativo de la protesta a la rebelión política y el cambio de régimen.

Finalmente, aunque no es esencial para este estudio, deberíamos indicar que mientras los movimientos sociales en su climax fueron capaces de derrocar regímenes neoliberales, no fueron capaces de conseguir poder político y revolucionar la sociedad: sus levantamientos permitieron a políticos de centro izquierda llegar al poder. Irónicamente, una vez en el poder, aprobaron suficientes reformas económicas y sociales como para mantener a distancia la vuelta a la radicalización de los movimientos cuando la crisis económica mundial golpeara de nuevo al final de la primera década de este siglo.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 5 de abril de 2009

El terror como instrumento del imperio

El terror como instrumento del imperio

FFF/ICH

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


I.

Lo que sigue es un guión enteramente hipotético. Supongamos que fuerais fervorosos militaristas imperiales que creyeran que la seguridad, el prestigio y los intereses financieros de vuestro país son mejor servidos por la guerra y por la omnipresente amenaza de guerra. Supongamos que tuvierais en marcha algunas operaciones verdaderamente excitantes y suculentas, interminables conflictos mortíferos que canalizan cientos de miles de millones de dólares a vuestra maquinaria bélica y que arraigan la política nacional aún más profundamente en la filosofía militarista – la ‘machtpolitik’ [política del poder en alemán, N. del T.] en la que creéis.

Pero existe un problema. El público en general – la manada intimidada que os rodea y no entiende de grandes estrategias tal como lo hacéis vosotros y vuestras elites – se preocupa y se pone nervioso por vuestra Larga Guerra. El tesoro nacional está en bancarrota, la infraestructura nacional se pudre, las comunidades de la nación se mueren; millones de personas carecen de empleo, pierden sus casas, pierden sus sueños, caen por una espiral descendiente hacia la necesidad, la privación y la desesperación. Pero tenéis grandes planes para escalar la guerra, expandir vuestra maquinaria bélica, y mantener la dominación global que creéis es el rol justo y natural de vuestra nación tan especial – y sus elites. ¿Qué hacer? ¿Cómo incitar a la manada truculenta, absorta en sus pensamientos, para que vuelva a apoyar con entusiasmo vuestra agenda vital?

Bueno, lo que sigue es un enfoque puramente hipotético que podríais probar. Azuzáis y provocáis a grupos extremistas violentos para que tomen represalias por vuestros ataques, invasiones e incursiones asesinas de civiles en sus territorios. Al no poder enfrentar directamente vuestra maquinaria bélica – la mayor, más avanzada, fuerza militar en la historia del mundo, sustentada por un tsunami de dineros públicos que cada año sobrepasa los gastos militares del resto del mundo – reaccionan naturalmente con operaciones “asimétricas”. Al principio, van dirigidas contra objetivos cercanos: vuestras líneas de aprovisionamiento, las fuerzas de vuestros testaferros y aliados locales, y otras depredaciones que llevan al caos en las regiones del grupo, con la intención de estropear vuestras líneas de control y de expulsaros. Con la misma naturalidad, aprovecháis esos ataques para justificar una presencia militar aún mayor en sus regiones. El ciclo progresa inevitable e inexorablemente hacia arriba y hacia afuera, hasta que finalmente los extremistas atacan vuestra tierra natal – sea con vuestra complicidad, con vuestra aquiescencia oculta o, en todo caso, con vuestro conocimiento previo de que es seguro que un ataque semejante tenga lugar. Es el momento que habéis esperado; es exactamente lo que queríais. Ahora podéis volver a fustigar a la manada hacia un frenesí marcial, continuar la Larga Guerra, y dejar de lado los deseos miserables, limitados, de una vida pacífica y próspera en casa, de la chusma preocupada de sus propios asuntos.

Evidentemente, uno nunca sabe exactamente lo que sucede tras los cortinajes imperiales de los palacios del Potomac; los ciudadanos estadounidenses comunes fueron convertidos hace tiempo en kremlinólogos de su propio gobierno, tratando de discernir – mediante señales ceremoniales, rumores entre bastidores, y ligeras desviaciones de una retórica ritualizada – lo que realmente se proponen sus amos. Pero algunos cínicos sospechan ocultamente que guiones como el esbozado anteriormente ya han sido implementados; por ejemplo, en el “nuevo Pearl Harbor” que azotó a EE.UU. el 11 de septiembre de 2001 – un año después que un grupo que canalizaba los puntos de vista de los futuros peces gordos del gobierno Bush (incluidos Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Scooter Libby y muchos otros) había anhelado abiertamente un “nuevo Pearl Harbor” para “electrizar” al pueblo estadounidense para que apoyara su agenda militarista, que incluía una invasión de Iraq – con Sadam Husein en el poder o no.

Pero dejando de lado por el momento el problema siempre peliagudo de adivinar las diversas proporciones de complicidad, aquiescencia, conocimiento previo, explotación, incompetencia y fatalidad involucrados en el 11-S, podemos decir como un hecho establecido que: Es política del gobierno de EE.UU. provocar la acción de grupos extremistas. Una vez que están en juego, sus reacciones pueden ser utilizadas del modo que considere apropiado el gobierno que las provocó. Y también sabemos que esas provocaciones son utilizadas, como política deliberada, para provocar a grupos violentos en el frente "Af-Pak" para que lancen ataques terroristas.

En otras palabras, como escribí por primera vez en Moscow Times hace más de seis años (y lo reiteré tres años después), EE.UU. fomenta deliberadamente ataques terroristas a fin de promover sus agendas políticas y militares.

[Para más sobre cómo esas políticas y usos similares del terrorismo y de escuadrones de la muerte han sido realizadas en Iraq y otros sitios, vea: "A Furnace Seal'd: The Wondrous Death Squads of the American Elite," "Ulster on the Euphrates: The Anglo-American Dirty War in Iraq," y "Willing Executioners: America's Bipartisan Atrocity Deepens in Somalia."]

Los ojos de lince de Jason Ditz en Antiwar.com hacen la conexión entre esta política y el más reciente ataque “asimétrico” por un grupo terrorista “cosquilleado” en Pakistán: el mortífero ataque contra un centro policial en Lahore por Tehreek-e Taliban Pakistan (TTP). El grupo, dirigido por Baitullah Mehsud, dijo que el ataque era una represalia por la campaña estadounidense de ataques con aviones sin tripulación en las regiones fronterizas de Pakistán – ataques que han matado a numerosos civiles junto con “militantes” usualmente no identificados. Como señala Ditz, un objetivo de la campaña – intensificada por Barack Obama – es precisamente el fomento arriba mencionado de la actividad terrorista:

El gobierno de Obama ha lanzado una cantidad cada vez más intensa de ataques en la FATA [Áreas Tribales bajo Administración Federal de Pakistán], que apuntan generalmente a las instalaciones de entrenamiento de Mehsud en Waziristán del Norte y del Sur. En septiembre, el entonces director de la CIA, Michael Hayden, dijo que los ataques eran un intento de “provocar una reacción” de los grupos militantes dirigidos por Mehsud. Parece que ahora, seis meses más tarde, han terminado por hacerlo. [Hayden describió esa sangrienta estrategia como “cosquilleo” de los terroristas para que reaccionen.]

Lo que va más lejos, Mehsud ha prometido ahora que llevará la lucha a suelo estadounidense. Como señala The Times (a través de Antiwar.com):

“Pronto lanzaremos un ataque en Washington que sorprenderá a todos en el mundo,” [declaró Mehsud.] “Lo más que pueden hacer es convertirme en mártir. Pero nos vengaremos desde dentro de EE.UU.”

Queda por ver si el variopinto TTP puede realmente llevar a cabo una amenaza semejante, como señala Juan Cole. Pero no se trata realmente de eso. Se trata de que, una vez más, se hostiga a sabiendas a un grupo violenta para que entre en una acción asesina. Mejor todavía, ahora ha sido establecido como “mortífera amenaza terrorista” a la sagrada Patria: otro supermalvado hecho a medida por el reparto de papeles.

Y notablemente, esta nueva amenaza abierta para llevar el terror al corazón de EE.UU. viene sólo días después de que Barack Obama anunciara su cacareada ‘oleada’ en la Guerra Af-Pak, citando - ¿qué otra cosa iba a ser? – la necesidad de proteger a EE.UU. contra terroristas basados en Afganistán y Pakistán como la principal razón para escalar y expandir el conflicto. Otra sorprendente coincidencia para justificar la agenda militar, que necesita un suministro constante de malvados plausibles para las relaciones públicas, y amenazas exageradas que estremezcan a la nación, tal como un drogadicto necesita heroína. Y una vez más, no nos queda otra alternativa que sorprendernos ante la variable proporción de complicidad, aquiescencia, explotación, suerte, etc. involucrados en este fortuito apareamiento de declaraciones de Obama y Mehsud.

II.

Vale la pena considerar de nuevo las implicaciones de esta política de cosquilleo de terroristas. Como lo señaláramos recientemente, esas cosas no son sólo fichas en el Gran Tablero de Juego: son mortíferas realidades que matan, mutilan y despojan a multitudes de personas inocentes en todo el mundo. Así que volvamos a los primeros indicios de esa estrategia en su contexto de la Guerra contra el Terror. Lo siguiente es del artículo en Moscow Times en noviembre de 2001:

En un artículo [en Los Angeles Times] del analista militar William Arkin... [aparece] la revelación del plan de Rumsfeld de crear una “Actividad de Apoyo de súper Inteligencia” que juntará a la CIA y la acción militar encubierta, guerra informática, inteligencia, encubrimiento e impostura.” Según un documento confidencial preparado para Donald] Rumsfeld por su Consejo de Ciencia de la Defensa, la nueva organización – el “Grupo Proactivo de Operaciones Preventiva (P2OG, por sus siglas en inglés)” – realizará misiones secretas diseñadas para “estimular reacciones” de grupos terroristas, provocándolos a realizar actos violentos que los expondrán a “contraataques” de fuerzas de EE.UU.

En otras palabras – y digámoslo clara, explícita y sobriamente, para que nadie pueda confundir la intención del plan de Rumsfeld – el gobierno de EE.UU. planifica el uso de “encubrimiento e impostura” y operaciones militares secretas para provocar ataques terroristas asesinos contra gente inocente. Volvamos a decirlo: Donald Rumsfeld, Dick Cheney, George W. Bush y los otros miembros del régimen no elegido en Washington planean fomentar deliberadamente el asesinato de gente inocente – vuestra familia, vuestros amigos, vuestras amantes, vosotros mismos – a fin de impulsar sus ambiciones geopolíticas.

Porque el P2OG no está destinado sólo para exponer a terroristas y llevarlos ante la justicia – en sí un objetivo digno de alabanza, aunque la manera de Rumsfeld de combatir el terrorismo al provocarlo es pura demencia moral… No, parece que P2OG tenga en vista a peces más gordos. Una vez que ha desencadenado la acción de terroristas - ¿matando a miembros de sus familias? ¿atrayéndolos con botín? ¿cargándolos con drogas? ¿inundándolos de propaganda yihadista? ¿abusando de sus madres? ¿O mediante agentes provocadores, tal vez, que infiltren los grupos y luego planifiquen y dirijan ellos mismos los ataques? – pueda entonces tomar medidas contra los “Estados/sub-Estados participantes” por “albergar” a las pandillas provocadas por Rumsfeld. ¿Qué clase de medidas exactamente? Bueno, el programa confidencial del Pentágono lo dice de esta manera: “Su soberanía estará en peligro.”

El P2OG, por lo tanto, será útil cada vez que el Régimen ansíe agregar unos pocos bienes raíces cargados de petróleo o una nueva base militar a la cartera floreciente del Imperio. Basta con encontrar un nido de descontentos violentos, agitarlos con un garrote, y listo: hay una “justificación” instantánea para cualquier nivel de intervención/conquista/rapiña que se desee.

Cuando el gobierno de Obama habla de “continuidad de la política exterior estadounidense,” esto forma parte integral de lo que está hablando. De modo que podemos contar con que veremos mucho más sobre TTP y el Satanás de jure, Baitullah Mehsud, mientras la Larga Guerra bipartidaria avanza a trancas y barrancas, con su omnipresente necesidad de “incitar” – y aterrorizar – al pueblo de EE.UU. para que apoye el proyecto militarista.

……

Chrys Floyd es un periodista estadounidense y colaborador frecuente de CounterPunch. Es autor del libro “Empire Burlesque: High Crimes and Low Comedy in the Bush Imperium. Su página en Internet es: www.chris-floyd.com

http://informationclearinghouse.info/article22331.htm

sábado, 4 de abril de 2009

Fuerzas secretas de EE.UU. realizaron asesinatos selectivos en una docena de países

Transcripción parcial de Information Clearing House

El periodista de investigación ganador del Premio Pulitzer, Seymour Hersh, causó sensación a comienzos de mes cuando dijo que el gobierno de Bush dirigía un “centro ejecutivo de asesinato” que dependía directamente del vicepresidente Dick Cheney. “Por autoridad del presidente Bush, han estado yendo a países, sin hablar con el embajador o con el jefe de estación de la CIA, encontraban a personas en una lista, las ejecutaban y volvían a partir,” dijo Hersh.

AMY GOODMAN: El periodista investigativo ganador del Premio Pulitzer causó sensación el mes pasado cuando dijo que el gobierno de Bush dirigió un centro ejecutivo de asesinato que dependía directamente del vicepresidente Dick Cheney. Hersh hizo su comentario durante un discurso en la Universidad de Minnesota el 10 de marzo. Bienvenido a Democracy Now!, Sy Hersh. Fue un placer verlo anoche en Georgetown. Hable primero sobre esos comentarios que hizo en la Universidad de Minnesota.

SEYMOUR HERSH: El Congreso no tenía control del asunto. Se trata esencialmente de un ala ejecutiva de asesinato. Y ha sido algo continuo, que sigue y sigue. Y precisamente hoy hubo un artículo en el Times que dice que su jefe, un almirante de tres estrellas llamado McRaven, ordenó detener ciertas actividades porque hubo tantas muertes colaterales.

AMY GOODMAN: Ayer, CNN entrevistó al ex consejero nacional de seguridad de Dick Cheney, John Hannah. Wolf Blitzer preguntó a Hannah sobre la afirmación de Sy Hersh.

WOLF BLITZER: ¿Hay por ahí una lista de terroristas, presuntos terroristas, que pueden ser asesinados?

JOHN HANNAH: Evidentemente hay un grupo de personas que pasan por un proceso extremadamente bien examinado, un proceso entre agencias, como creo que explicó en su artículo, que han cometido actos de guerra contra EE.UU., que están en guerra contra EE.UU., o de las que se sospecha que planifican operaciones de guerra contra EE.UU., por lo que se da autoridad a los soldados en el terreno y en ciertos teatros de operaciones bélicas para que las capturen o maten. Ciertamente es así.

WOLF BLITZER: Y por lo tanto, desde su perspectiva – y usted trabajo durante muchos años en el gobierno de Bush – sería totalmente constitucional, totalmente legal, ir y encontrar a esos sujetos y liquidarlos.

JOHN HANNAH: No cabe duda de que en un teatro de operaciones bélicas, cuando estamos en guerra, y sabemos – no cabe duda, de que estamos todavía en guerra contra al-Qaeda en Iraq, al-Qaeda en Afganistán y en la frontera paquistaní, que nuestras tropas tienen la autoridad para perseguir, capturar y matar al enemigo, incluyendo a la dirigencia del enemigo.

AMY GOODMAN: Era John Hannah, ex consejero de seguridad nacional de Dick Cheney. Seymour Hersh habla ahora conmigo aquí en Washington, D.C. Escribe para la revista The New Yorker. Su último artículo aparece en la edición actual, llamado ““Syria Calling: The Obama Administration’s Chance to Engage in a Middle East Peace” [Siria llama: la oportunidad para el gobierno de Obama de involucrarse en una Paz en Oriente Próximo].

SEYMOUR HERSH: Bueno, en cierto modo fue estúpido que comenzara a hablar de cosas que no he escrito. Siempre me doy un puntapié cuando lo hago. Pero estaba con Walter Mondale, el ex vicepresidente, quien se mostró sorprendentemente abierto y como que, en su caso – había ido muy lejos – ya que lo conocí como senador renuente a oponerse a la Guerra de Vietnam. Y por lo tanto, me preguntaron sobre cosas futuras, y yo sólo – estoy estudiando cosas. He hecho – no hay realmente nada que haya dicho en Minnesota que no haya escrito en el New York Times. El verano pasado, escribí un largo artículo sobre el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas.

Y sólo para volver a lo que es – fue – John Hannah, creo que terminó por ser el máximo consejero nacional de seguridad, casi – si no jefe de gabinete, jefe de gabinete adjunto de Dick Cheney en los últimos tres o cuatro años, lo que dijo es simplemente que, sí, perseguimos a gente sospechosa – fue la palabra que utilizó – de crímenes contra EE.UU. Y tengo que decirle que hay una orden ejecutiva, firmada por Jerry Ford, el presidente Ford, en los años setenta, prohibiendo acciones semejantes. No es sólo contrario, - es ilegal, es inmoral, es contraproducente.

La evidencia – el problema de que se haga que militares vayan a matar a gentes cuanto no están directamente en combate, eso de pedir a soldados estadounidenses que vayan y busquen gente y, como usted dijo antes, en una de las declaraciones que hice, que usted reprodujo, van a países sin informar a ninguna de las autoridades, al embajador estadounidense, al jefe de la CIA, ciertamente a nadie en el gobierno donde vamos, y es mucho más que sólo en áreas de combate. Hay más – por lo menos una docena de países y tal vez más. El presidente ha autorizado ese tipo de acciones en Oriente Próximo y también en Latinoamérica; se lo diré, Centroamérica, algunos países. Han estado – a nuestros muchachos les han dicho que pueden ir y emprender el tipo de acción ejecutiva que necesiten, y eso es simplemente – no existe una base legal para hacerlo.

Y no sólo eso, si usted considera Guantánamo, el gobierno estadounidense sabía cuando – bueno, veamos, Guantánamo abrió a comienzos de 2002. “Gitmo” lo llaman, la base en Cuba para supuestos terroristas de al-Qaeda. Un informe interno sobre el que escribí en un libro que hice hace años, un informe interno hecho en el verano de 2002, estimó que por lo menos la mitad y posiblemente más, no tenían nada que ver con acciones contra EE.UU. La información de inteligencia que tenemos es a menudo muy fragmentaria, no muy buena. Y la idea de que el presidente de EE.UU. vaya a pensar que tiene el poder constitucional o el derecho legal de decir a soldados que no participan en combate inmediato que busquen a personas sobre la base de listas y las ejecuten es simplemente algo sorprendente para mí. Es sorprendente para mí.

Y no sólo eso, Amy, el tema respecto a George Bush es, todo es hecho en cierto modo a plena vista. En su discurso del Estado de la Unión, creo que fue el 28 de enero de 2003, cerca de un mes y medio antes de que fuéramos a Iraq, Bush describió el progreso en la guerra, y dijo – estoy parafraseando, pero es bastante cercano – dijo que habíamos capturado a más de 3.000 miembros de al-Qaeda y a presuntos miembros, gente sospechada de operaciones en contra nuestra. Y luego agregó con esa sonrisita que tiene: “Y quisiera decirle, algunos de esos sujetos no podrán volver a operar de nuevo. Eso se lo puedo asegurar. No estarán en condiciones de hacerlo.” Obviamente habla de matar a gente, y lo aplaude.

De modo que aquí estamos. No retiro lo que dije. Quisiera no haberlo dicho ad hoc, porque, como espero que hablemos en un minuto, paso mucho tiempo escribiendo artículos para The New Yorker, y son muy cuidadosamente investigados, y a veces cuando uno habla improvisadamente, no se es tan preciso.

AMY GOODMAN: Explique lo que es el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas, y qué tipo de supervisión tiene el Congreso de esas actividades.

SEYMOUR HERSH: Bueno, es una unidad especial. Tenemos algo llamado el Comando de Operaciones Especiales que opera desde Florida, e involucra numerosas ramas. Y una de las unidades que trabaja bajo el manto del Comando de Operaciones Especiales es conocida como Operaciones Especiales Conjuntas – JSOC. Es una unidad especial. Lo que la hace tan especial, es que es un grupo de gente elite que incluye a Seals de la Armada, algunos Seals de la Armada, de la Fuerza Delta, nuestras – lo que llamamos nuestras unidades ocultas, las unidades de comando. “Comando” es una palabra que no les gusta, pero así los llamamos nosotros, la mayoría entre nosotros. Y promueven desde el interior. Es una unidad que tiene su propia estructura de promoción. Y uno de los elementos, debo decirle, para avanzar en la promoción es la cantidad de muertes que cada cual realiza. Evidentemente. Porque ha sido básicamente ideado – ha sido transformado, si se quiere, en esta unidad que va en busca de objetivos de alto valor.

Y aquí entra en escena Cheney y la idea de un círculo de asesinato – en realidad dije “rama,” pero de una rama de asesinato – que depende de Cheney se refería simplemente a que hacen aprobar las listas a través de la oficina del vicepresidente. No está ahí sentado buscando objetivos. Hacen aprobar las listas. Y ciertamente está muy involucrado, menos y menos con el pasar del tiempo, claro está, pero al principio muy involucrado. Y es la unidad de elite. Pienso que hacen tours de tres meses. Y el verano pasado, escribí un largo artículo para The New Yorker, en julio pasado, sobre cómo el funcionamiento de la operación de las JSOC simplemente no está disponible, y que no hay ninguna información suministrada por el ejecutivo al Congreso.

AMY GOODMAN: ¿Qué países, Sy Hersh – en qué países operan?

SEYMOUR HERSH: Muchos países.

AMY GOODMAN: Nombre algunos.

SEYMOUR HERSH: No, porque no he escrito al respecto, Amy. Y le diré, como digo, en Centroamérica, es más que sólo las áreas de las que ha hablado el señor Hannah – Afganistán, Iraq. Se puede entender una operación como ésta en el calor de la batalla en Iraq – asesinar – quiero decir, eliminar al enemigo. Eso es guerra. Pero cuando se va a otros países – digamos Yemen, digamos Perú, digamos Colombia, digamos Eritrea, digamos Madagascar, digamos Kenia, países como esos – y se mata a gente de la que se cree que está en una lista como al-Qaeda o vinculados a al-Qaeda o anti-estadounidenses, se viola la mayoría de los preceptos.

Somos un país que cree fuertemente en el debido proceso. De eso se trata. No damos al presidente de EE.UU. el derecho a decir a los militares, incluso en una guerra – y es una guerra contra una idea, una guerra contra el terrorismo. Y no es como si estuviésemos en guerra contra un enemigo uniformado comprometido. Estamos involucrados en una guerra muy complicada. Y con cada una de esas acciones, evidentemente, siempre hay muertes colaterales, y siempre hay más gente que se convierte en nuestros enemigos. Es la tragedia de Guantánamo. Para cuando la gente, haya estado con nosotros o contra nosotros cuando llegó allí, para cuando ha estado allí tres o cuatro meses, se ha hecho peligrosa para nosotros, por el modo cómo la hemos tratado. Pero me gustaría pasar a lo que escribí en The New Yorker.

AMY GOODMAN: Una pregunta: ¿sigue existiendo la rama de asesinato bajo el presidente Obama?

SEYMOUR HERSH: ¿Cómo lo voy a saber? Espero que no.

http://www.democracynow.org/2009/3/31/seymour_hersh_secret_us_forces_carried

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83342


viernes, 20 de marzo de 2009

Congo: La guerra invisible

Amy Goodman

Es el conflicto más letal desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 5 millones de personas han muerto en los últimos 10 años, y no obstante sigue virtualmente sin ser tomado en cuenta y sin que se informe sobre ello en Estados Unidos. El conflicto ocurre en la República Democrática del Congo, en África central. El corazón de esta guerra son los recursos naturales que posee el Congo y las corporaciones multinacionales que los extraen. Las perspectivas de paz han mejorado ligeramente: un acuerdo de paz fue firmado en las provincias orientales del Congo, en Kivu. Pero sin un proceso de reconciliación y veracidad que abarque a todo el país, así como una renegociación de todos los contratos mineros, sin duda alguna continuará el sufrimiento.

En el informe más reciente de la mortalidad en el Congo, International Rescue Committee encontró la inquietante cifra de 5.4 millones de “muertes en exceso” ocurridas desde 1998. Estas muertes van más allá de aquellas que habrían ocurrido normalmente. En otras palabras, una pérdida de vidas humanas en la escala de lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, pero cada dos días, en un país que tiene la sexta parte de la población de Estados Unidos.

Y un poco de historia: después de respaldar a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, el Congo obtuvo su independencia y en 1960 eligió como primer ministro a Patrice Lumumba, un progresista, un panafricanista. Poco después fue asesinado en un complot que implicó a la CIA. Estados Unidos instaló y respaldó a Mobutu Sese Seko, que dominó tiránicamente y saqueó la nación durante más de 30 años. Desde su muerte, el Congo ha estado en guerra; de 1996 a 2002, provocada por las invasiones de los vecinos Ruanda y Uganda, y desde entonces el conflicto continúa.

Un aspecto particularmente horripilante del conflicto es la masiva violencia sexual utilizada como arma de guerra. La activista de derechos humanos Christine Schuler Deschryver me contó acerca de los cientos de miles de mujeres y niños sujetos a la violación:

“Ya no estamos hablando de las violaciones normales. Hablamos de terrorismo sexual, porque han destruido (no se pueden imaginar lo que ocurre en el Congo)... Hablamos de un nuevo tipo de cirugía para reparar a las mujeres, porque están totalmente destruidas”. Ella describía el daño físico perpetrado a las mujeres, a los niños: uno, dijo, tan bebé que tenía 10 meses de edad. Son actos de violación que implican la inserción de palos, pistolas y plástico derretido. Deschryver estuvo en Estados Unidos como invitada de V-Day, una campaña de Eve Ensler para poner fin a la violencia contra las mujeres, en un intento por generar conciencia pública de este genocidio y apoyar al hospital Panzi en Bukavu, el pueblo de Deschryver.

Maurice Carney, director ejecutivo de Amigos del Congo, en Washington, afirma: “Básicamente son dos tipos de violación los que ocurren en el Congo: uno es la violación de mujeres y niños, y el otro es la violación de la tierra, los recursos naturales. El Congo tiene tremendos recursos naturales: 30 por ciento del cobalto del mundo, 10 por ciento del cobre, 80 por ciento de las reservas mundiales de coltán. Uno tiene que entender la influencia de las corporaciones en todo lo que ocurre en ahí”.

Entre las compañías a las que Carney culpa por avivar la violencia están el OM Group, con sede en Cleveland, líder mundial en producción de químicos especiales basados en el cobalto y uno de los abastecedores principales de químicos especiales con base de níquel. Está también el gigante de la química Cabot Corp. Cabot produce coltán, conocido también como tantalio, un componente difícil de extraer, pero que es clave en todos los circuitos electrónicos, sobre todo los de los teléfonos celulares y otros artículos de ese tipo. Se afirma que la demanda masiva de coltán es responsable de alimentar la segunda guerra del Congo, entre 1998 y 2002. Un antiguo director ejecutivo de Cabot es ni más ni menos que el actual secretario de Energía del gobierno de Bush, Samuel Bodman. Freeport McMoRan, con sede en Phoenix, que absorbió la enorme concesión minera de Phelps Dodge en el Congo, también está en el juego.

Naciones Unidas ha publicado varios informes que son muy críticos con la ilegal explotación que las corporaciones hacen de los minerales del Congo. Una revisión realizada por el gobierno congoleño de más de 60 contratos mineros hace un llamado para que se renegocien o se cancelen de inmediato. Dice Carney: “Ochenta por ciento de la población vive con 30 centavos de dólar al día, o menos, mientras miles de millones de dólares salen por la puerta trasera para ingresar a la bolsa de las grandes compañías mineras”. Una cuestión importante para nosotros en Estados Unidos es: ¿cómo pudieron morir en un país cerca de 6 millones de personas en una guerra y sus enfermedades asociadas, en menos de 10 años, y ser virtualmente invisibles?

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